Sé que abril da miedo,
porque no siempre es mes de flores.
La guillotina sobre el tallo cae
cuando debería abonarse.
Sé que se me exige primavera,
pero no es el hastío cosa controlable
cuando la ausencia aún resuena,
cuando la guerra se ceba
en los capullo tiernos,
en los brotes debiles.
Algunos pedirán fortaleza
mas en el alma reside en otra cosa
tal virtud que no en la fuerza.
El jardinero sus desdichas se calla
y riega con sus ojos amapolas
que surgen por las esquinas.
Teme el despido
pues es incapaz de acabar con malas hierbas
y su corazón acoge hiedra sanadora
y poco más comparte en ornamentos
en este patio delicado.
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